ANIOL ESTEBAN SE MOJA POR EL MEDITERRÁNEO

En Passió per la Mar sabemos que hay verdaderos apasionados por el mar que residen en nuestras islas y además, tienen historias y anécdotas que sería muy bonito conocer y divulgar. Por eso publicamos periódicamente entrevistas de carácter personal a los que consideramos nuestros Apasionados del Mar. Hoy os presentamos a polifacético amante del mar que es mucho más que un defensor del Mediterráneo, entrevistamos a Aniol Esteban.

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La Fundación Marilles trabaja desde 2017 con el ambicioso objetivo de convertir Baleares en un ejemplo mundial de conservación del mar balear. Al frente de este proyecto está Aniol Esteban, biólogo y economista ambiental nacido en Barcelona cuyo hobbie favorito es ponerse unas gafas de bucear y unos patos y explorar a pulmón las maravillas naturales que se esconden bajo nuestras aguas.

“He tenido la suerte de trabajar siempre en lo que me gusta, que es la conservación del mar, en entidades como WWF, la Agencia Sueca del Medio Ambiente, el Centro Oceanográfico de Portugal o, ahora, la Fundación Marilles”, explica. “Después de estudiar Biología en Barcelona, me di cuenta de que para poder trabajar por el medio ambiente lo primero que tenía que hacer era entender las fuerzas económicas, que son las que gobiernan el mundo, para así poder construir argumentos económicos sóidos. Así que me mudé a Londres para estudiar Economía Ambiental, donde me quedé 15 años y conocí a mi esposa, la experta en estrategia y política ambiental Sarah Oppenheimer, con la que tenemos tres hijos de 7, 11 y 13 años, respectivamente”, explica.

“En Londres, trabajé primero en la Royal Society for the Protection of Birds, y después en la New Economics Foundation, que tiene el ‘humilde’ objetivo de cambiar el sistema económico del planeta, haciendo economía como si la gente y el planeta importaran. A través de esta entidad conocí la Adessium Foundation, que nos encargó a mi mujer y a mí un estudio para sondear la posibilidad de crear una iniciativa conservacionista en Baleares. Hicimos decenas de entrevistas y llegamos a la conclusión de que el archipiélago tiene muchas posibilidades de convertirse en un referente mundial de conservación del medio marino a través de la creación de un fondo para la conservación a largo plazo del mar balear, con capital fundacional de Adessium pero abierto a otros financiadores, filántropos o entidades. Así nació la semilla de Marilles, que fue fundada con espíritu colaborativo y el máximo respeto a las organizaciones locales y que ha recibido una respuesta muy cálida de la sociedad balear”, narra.

“A nivel personal y profesional, no me imagino una mejor oferta de trabajo”, asegura. “Para mí, pasar de la megaurbe que es Londres a un entorno como Mallorca es una suerte y un privilegio. Toda la vida me he sentido muy mediterráneo, es mi identidad y mi orgullo. Me encanta salir al campo y ver almendros, olivos, higueras, viñas, en definitiva los paisajes típicos del Mediterráneo”. En cuanto a su mujer y sus hijos, reconoce que “no ha sido tan fácil. Han nacido en Londres y tienen sus raíces allí, y cambiar de una megalópolis con 8 veces la población de Mallorca a un pueblo rural de 1.000 personas como es Capdellà ha sido un proceso con altibajos. Pero disfrutamos muchísimo del ambiente rural, la conexión con la naturaleza y el acceso a una riqueza natural brutal”, asegura. “Además, mi mujer ha conectado enseguida con el mundo ambiental de las islas y de España y trabaja en la mejora de las leyes de transición energética, tanto a nivel autonómico como nacional”, señala.

También aprovechan siempre que pueden para disfrutar del mar. “El mayor de mis hijos hace Optimist en Port d’Andratx, como yo hice cuando era niño en la Costa Brava. Pero lo dejé para pasarme al buceo cuando mi hermana menor, Laia, empezó a ganarme. De hecho, llegó a ser campeona de Catalunya de Optimist. En cuanto llegué a Mallorca me hice socio de un club, y cada vez que hago una inmersión por la Reserva Marina del Toro salgo con la boca abierta. Pero en realidad no necesito mucho más que unas gafas y unos patos para disfrutar del fondo marino. Por ejemplo, me encantan los fondos de arena, que la gente cree que son desiertos marinos, pero contienen unas especies alucinantes, como los ‘raors’ que se lanzan de cabeza a la arena, los peces planos con su increíble capacidad de camuflaje, las espectaculares rayas, las temibles arañas o los pulpos que recolectan conchas para protegerse y construir sus casas”, enumera.

En cuanto a la navegación, “he disfrutado toda la vida del barco de mis padres, un velero Puma 29 que sigue en activo en Port d’Aro, y en el que navegamos siempre que vamos. En Mallorca, el pasado septiembre nos animamos a probar una iniciativa de copropiedad de embarcación en un club de navegación y nos parece un modelo muy interesante y que hay que fomentar”, asegura.

Volviendo a Marilles, su última iniciativa lleva el sugerente título de ‘Enamarar’. “Uno de los pilares de la conservación marina es la implicación de la gente, que se relacione con el mar y lo viva intensamente. Dado el confinamiento, ya que la gente no puede ir al mar, la idea de ‘Enamarar’ es llevar el mar a la gente a través de las redes sociales. Se trata de crear un acuario virtual entre todos compartiendo en Instagram las fotos submarinas que tengamos con el hashtag #enamarar”. A medio plazo, además, la fundación quiere crear un ambicioso certamen de fotografía marina, con categorías profesionales y amateurs. “Se trata de reforzar la conexión emocional de la gente con el mar”, resume.

Un mar que debido al confinamiento ha disfrutado de un respiro de la actividad humana. “La ausencia de ruido, la reducción de la actividad pesquera y la mayor transparencia de las aguas gracias al menor movimiento en el mar pueden haber tenido efectos positivos en los ecosistemas marinos, ya que los índices de calidad de las aguas están en mínimos históricos, pero esto no deja de ser un fenómeno transitorio”, advierte. “Es verdad que una crisis tan abrupta como la que hemos vivido nos permite ver con nuestros propios ojos el impacto de la actividad humana en el mar y cómo responde la naturaleza si la dejamos respirar, lo cual es inspirador y transformador, porque demuestra que el cambio es posible. Pero no necesitamos que haya una gran crisis para mejorar el medio ambiente, podemos hacerlo por las buenas”, incide. “Hay que poner el mar balear en el centro de la recuperación económica, entendiéndolo como un recurso activo imprescindible en para nuestra economía”, destaca

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