BRILLANTE REGATA INAUGURAL DE LA XV COPA DEL REY REPSOL DE BARCOS DE ÉPOCA

La XV Copa del Rey Repsol de Barcos de Época largó amarras este mediodía con una jornada inaugural de regatas de las que hacen afición. El viento se entabló en 50 grados y con 14 nudos de media en el área de regatas, comprendida entre la salida del puerto natural de Mahón y la urbanización de Binibeca, con un primer y un cuarto tramos expuestos a la fuerte marejada generada por el Gregal (NE) y los otros dos al socaire de Punta Prima. Una travesía de algo más de 17 millas náuticas en la que los barcos más modernos y rápidos de la flota sortearon el descenso de la intensidad del viento a media tarde y cuyo final, en el interior de la rada de Mahón, ofreció imágenes espectaculares.

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Foto: Nico Martinez

El Marigan (1898), el más antiguo de los 46 veleros de diez países presentes en la XV Copa del Rey Repsol, se colocó al frente de la clase Época Cangreja, que agrupa a las embarcaciones botadas con anterioridad a 1950 y con aparejo trapezoidal. La tripulación de Tim Liesenhoff invirtió 3 horas y 33 minutos, lo que le dio una renta de 3 minutos y 40 segundos en compensado sobre su gran rival, el Kelpie (1903), de Pelham Olive, el más rápido en tiempo real (3 horas y 13 minutos). Marigan, que navega bajo pabellón del Real Club Náutico de Palma, es uno de los buques insignia de la flota de barcos de época radicada en Baleares. Diseñado por Charles Livingston a finales del siglo XIX, Tim Liesenhoff, un apasionado alemán residente en Palma, lo rescató de una casi segura desaparición para devolverlo a su estado original. Fue ganador de la edición de la Copa del Rey de 2015. El Kelpie venció en 2016. Ambos lucharán por la victoria hasta el último bordo.

En la clase Época Bermudiana (antes Marconi), donde se dan cita los barcos anteriores a la mitad del siglo XX con vela triangular, el argentino Cipino II (1949), del armador Daniel Sielecki y patroneado por Martin Billoch, puso rumbo a la reedición de la victoria obtenida el año pasado en el Club Marítimo de Mahón. El barco diseñado por Germán Frers cruzó la línea de llegada después de 3 horas y 6 minutos de travesía, y sacó cuatro minutos y medio de ventaja en tiempo corregido al segundo clasificado, el Santana (1938), un yawl diseñado por Sparkman and Stephens. El velero patroneado por Connor Wallace no entraba en los pronósticos, pero consiguió réditos notables sobre dos de los favoritos: el Fjord III (1947), de Scott Perry, y el Blitzen (1938), en el que desempeña la labor de táctico el navegante oceánico Jules Salter, participante en la Volvo Ocean Race a bordo del AzkoNobel.

Foto: Nico Martínez

Un favorito que no falló en la primera jornada fue el Argos (1964), de Bárbara Trilling, con Eduardo Méndez a la caña, que obtuvo su cuarta victoria consecutiva en una prueba del Campeonato de España de Barcos Clásicos, tras ganar las tres mangas de la Regata Illes Balears Clàssics del Club de Mar Mallorca, regata puntuable previa a la Copa del Rey Repsol. La embarcación del New York Yacht Club defendió su rating frente a una flota mayoritariamente superior en eslora y dejó claro que su objetivo es repetir el triunfo en la categoría de Clásicos (barcos construidos entre 1950 y 1975, así como réplicas fieles al diseño original) que ya obtuvo en las ediciones de 2012, 2015 y 2016. El Giraldilla (1963), la embarcación que perteneció a don Juan de Borbón, abuelo del Rey Felipe, cedió seis minutos en compensado y navega en segunda posición de la general, seguido del Margarita (1972), de Ignacio de Llano. El menorquín Pepe Negrete, al mando del Yanira (1954), no pudo hacer valer su conocimiento del campo de regatas y tuvo que conformarse con la cuarta posición provisional. El velero más rapido de esta clase (y del conjunto de la flota) fue el Galvana, de los hermanos Pella, un Sparkman and Stephens de 1974 y construido en aluminio que hoy hubiera necesitado sacar casi tres cuartos de hora al vencedor para ganar la regata.

El Spirit 46 Legolas (1996), de Jens Ricke, venció en la clase Espíritu de Tradición, con el Puma 34 Lohengrin (1974) navegando a muy poca distancia de su popa y el Stiletto (1961) bastante más rezagado. Los dos primeros clasificados mantendrán una cerrada lucha por la victoria que les ha negado durante años el Calima (1970), once veces campeón de la Copa del Rey Repsol, ausente este año de la competición por “problemas técnicos”.

Foto: Nico Martínez

Rodrigo Alvarez, tripulante Argos: “Nos ha ido mejor de lo que esperábamos. El barco funciona muy bien con las condiciones que hemos tenido hoy y además hemos hecho una buena salida. Tenemos duros competidores con el Giraldilla y el Galvana”.

Alex Pella, patrón del Galvana: “Ha sido un día espectacular. Hemos disfrutado porque el recorrido y el lugar perfecto para este tipo de regatas. Mantenemos casi la tripulación del año pasado, con Pablo Santurde como mi mano derecha, lo cual facilita mucho las cosas”

Scott Perry, armador del Fjord III: “Este en nuestro segundo año en la Copa del Rey y estamos encantados con la organización y el hecho de que todo esté a mano. Hoy hemos tenido un buen viento de entre 10 y 17 nudos, que nos es muy favorable, y así hemos conseguido quedar terceros. Navegar en Clásicos es algo especial porque la gente no es tan competitiva como en otras clases. Somo todos amigos”.

El Natica pierde el mástil

Se acabó la XV Copa del Rey Repsol para el ‘Natica’, de Patrick de la Chesnais, que en la jornada inaugural de hoy jueves ha roto el palo y ha tenido que abandonar la regata. Uno de sus tripulantes, Fernando de Vilallonga, ha señalado que el armador había adquirido el barco “hace cuatro meses” y que esta era la primera prueba en la que competían.

Foto: Nico Martínez

“Antes de la regata habíamos revisado todo pero, por lo visto, un obenque estaba corroído por dentro y ha cedido”, ha señalado De Vilalllonga. “No habíamos cambiado la jarcia, es verdad, pero la rotura total del palo no se ha producido por haber navegado forzado”.

“Volvíamos de la primera boya, antes de la Isla del Aire, en ceñida, con la mayor y el génova desplegados y, de repente, escuchamos un latigazo en el obenque de babor, que se rompió totalmente. Enseguida, crujido tremendo del mástil, y medio palo y velas al agua…”

“Hemos tenido mucha dificultad para sacar el mástil del agua y las velas”, ha admitido el tripulante del ‘Natica’, quien ha relatado: “Una zodiac de la organización nos ha venido a ayudar y hemos conseguido plegar las velas e izar el palo al interior del barco…”

“Para llegar a puerto, pusimos el motor, pero se calentó y al final debimos ser remolcados hasta tierra por la organización”, ha concluido De Vilallonga.

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