Colaboraciones

EN BUSCA DEL PECIO SANT JORDI III

 

En la mañana del 04 de marzo de 1995, el pesquero de arrastre Sant Jordi III regresaba tras haber finalizado su faena, la tripulación estaba realizando las tareas propias para llegar a puerto con todo listo, cuando de repente con total imposibilidad de evitar la colisión, apareció por su proa el Lolin, un pesquero de madera de 19 m, que se hallaba realizando labores de arrastre.

El Sant Jordi, más moderno y grande, de 23 metros de eslora y fabricado en fibra, golpeó al Lolin que se hundío de forma inmediata, el Sant Jordi continuó pero el patrón se dió cuenta que el barco estaba herido de muerte por lo que ordenó el abandono inmediato del mismo. Al cuarto de hora del incidente los 10 hombres que componían la tripulación de ambos buques flotaban en medio de la bahía esperando ser rescatados por Salvamento Marítimo, afortunadamente, sin víctimas.

Hacía tiempo que había oído esta historia, incluso disponía de unas coordenadas en mi GPS con el nombre de Sant Jordi, pero hasta el pasado mes no tuve ocasión de verificarlas. Por fin decidimos ir a hacerle una visita. La profundidad es de 62 m, mucha para ir solo con aire, por eso decidimos llevar como mezcla para la deco NITROX 32, que podríamos usar a partir de los 34 metros, con lo que acortaríamos algo nuestra ya de por si larga descompresión. El plan es iniciar el ascenso cuando nuestro ordenador marque 15 minutos de deco o lleguemos a las 100 atmosferas en la botella de aire. Según tablas el plan de ascenso debería ser, con 15’ de tiempo en el fondo a 63 m, tardaremos 28’ en el ascenso repartido como sigue, 1’ a 9m, 5’ a 6m y 13’ a 3m, con una botella 15 l de aire tenemos más que suficiente en caso de tener que hacer la inmersión solo con aire, pero como ya he dicho llevaremos una de NITROX 32 para acortar estos tiempos.

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Fotos: Vicente Villalonga

Salimos del club náutico y ponemos rumbo a 39º 25’ N 2º 37’ E (Coordenadas aproximadas), un punto en medio del mar, casi en línea entre Cabo Blanco y Cala Figuera, al llegar a las inmediaciones el nerviosismo aumenta, y esa sensación de intriga no nos abandonará hasta verificar si estamos en nuestro objetivo. Encendemos la sonda, nada, plano como la palma de la mano, pero todavía nos quedan 50 m hasta la marca, de repente vemos ese garabato en la pantalla que nos indica que estamos sobre algo, tiramos la boya testigo y otra pasada para verificar, en efecto la gráfica vuelve a subir en el mismo punto, aquí está El Sant Jordi, o no, hay que verlo.

Nos equipamos, unos en silencio y otros fruto de la excitación no paramos de hablar, por fin en el agua iniciamos el descenso por el cabo del ancla, no vemos nada, solo esa línea que desaparece en el azul del fondo y que nos indica el camino, 20 m, nada, 25, nada, 35, nada, ¿nos habremos equivocado como en otras ocasiones? 40 m, nada, bueno si, veo algo, una sombra ¿o es la narcosis que ya me empieza a hacer efecto? veamos si es así, haré un cálculo aritmético, 7 por 4, mhh ¡32! …No es narcosis, estoy bien. Continuo, 45 m ahora lo puedo ver al completo, una nube de pescado lo envuelve, pero ahí está, en posición de navegación con la proa apuntando a Cabo Enderrocat, esta entero, cubierto de un verdín típico de llevar 20 años bajo el agua, nuestro fondeo ha quedado a escasos 20 m de la popa, podemos ver una red que sale sobre ella y se extiende por el fondo, inmediatamente nos adentramos en él, el tiempo del que disponemos no es mucho, vemos las maquinas, el puente de mando, al pasar la proa podemos apreciar el golpe fatal que le provocó el hundimiento, no hay mucha vida, un congrio no muy grande y algún caproig. 161102_pecio-sant-jordi_03

Compruebo el ordenador y no me lo puedo creer, es hora de regresar a superficie, ya nos marca los 15 minutos de descompresión establecidos. Disciplinados aceptamos el veredicto e iniciamos nuestro lento penar hacia la superficie, pero la alegría de haberlo encontrado, haber buceado en él, nos acompaña. En las paradas no paramos de gesticular explicando a nuestro compañero lo que hemos visto, él nos responde de forma similar, pero ninguno de los dos nos enteramos de nada. Las paradas se suceden hasta llegar a los 3 m donde todavía nos quedan 12 minutos hasta poder salir a la superficie y poder contar de viva voz nuestra experiencia ¡Qué suplicio!

Una vez en la barca, con la mar en calma, una cerveza fría en la mano y ese sol mallorquín que tanto nos acompaña, es el momento que tantas veces hemos vivido y que si no es el paraíso, prefiero quedarme aquí.

Buenas inmersiones, nos vemos en el fondo.

Juan Pablo Pradillo, Colaborador de Passioperlamar.com

 

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