Colaboraciones

PRESIÓN INTERNACIONAL POR EL CORREDOR DE CETÁCEOS

Fuera de nuestras fronteras se sigue con inusitado interés el proceso que, propiciado por la Alianza Mar Blava, puso en marcha el Gobierno español en 2016, a través del Ministerio de Medio Ambiente, para la protección del Corredor de Migración de Cetáceos de la demarcación marina levantino-balear como Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) del Convenio de Barcelona.

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Este corredor migratorio, que discurre entre las Islas Baleares y el territorio peninsular desde el golfo de Valencia al golfo de León, es hábitat para una gran variedad de especies de mamíferos marinos, incluyendo la segunda y tercera especies más grandes de la Tierra, los rorcuales y los cachalotes, así como cetáceos buceadores de gran profundidad como los zifios de Cuvier y los calderones. Todas estas especies han recibido ya estatus de protección por parte de varios regímenes de conservación tanto nacionales como internacionales.

Sin embargo, la industria petrolera persiste en sus esfuerzos para explorar nuevos potenciales campos de petróleo y gas en el Mediterráneo. En concreto, este corredor de migración de cetáceos está actualmente amenazado por varios proyectos de prospecciones de hidrocarburos y de sondeos acústicos planeados en la zona a pesar de su extraordinaria importancia ecológica.

Esta Espada de Damocles que pende sobre el medio ambiente y la fauna de estas aguas de nuestro mar Mediterráneo ha provocado una decidida reacción internacional por parte de las comunidades científicas y de conservación, que reclaman establecer urgentemente como zona protegida el citado Corredor de Migración de Cetáceos y evitar la puesta en marcha de nuevos proyectos de exploración de combustibles fósiles.

Este es el mensaje central y el objetivo de una carta firmada por 25 científicos y 36 grupos de conservación internacionales que representan a cerca de nueve millones de personas de los cinco continentes, que fue entregada el pasado 1 de septiembre a la Directora General de Sostenibilidad de la Costa y el Mar, Raquel Orts, en una reunión celebrada en el Ministerio de Medio Ambiente, por parte de representantes de la Alianza Mar Blava y de las organizaciones internacionales de conservación marina OceanCare y Natural Resources Defense Council (NRDC).

El Gobierno español, que se ha comprometido internacionalmente a declarar este corredor migratorio de cetáceos como ZEPIM, ​​debe adoptar urgentemente un estricto régimen de protección preventiva en la zona, prohibiendo totalmente tanto las prospecciones de hidrocarburos como la exploración sísmica con tecnologías dañinas para la fauna marina.

En el marco del Estado español también hay numerosas peticiones en este mismo sentido por parte del Parlament balear, el Govern balear, la Generalitat de Cataluña, los Consells insulares de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, el Ayuntamiento de Barcelona y numerosos ayuntamientos de las Islas Baleares, así como las cinco mayores ONG ecologistas de ámbito estatal (WWF, Seo/BirdLife, Amigos de la Tierra, Greenpeace y Ecologistas en Acción), la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM) y el de las diversas asociaciones de conservación y estudio de los cetáceos (Tursiops, PROMAR, Associació Cetácea, CEMMA, CECAM, Firmm, AMBAR, entre otras). Asimismo, el pasado 30 de marzo, el Congreso de los Diputados aprobó por una amplia mayoría una Proposición No de Ley apoyando el proceso de declaración de este Corredor de Migración de Cetáceos como ZEPIM y solicitando una moratoria a la aprobación de nuevos proyectos de exploración, investigación y explotación de hidrocarburos en el Mediterráneo.

A principios de 2016, un informe encargado por el Secretariado del Acuerdo sobre la Conservación de los Cetáceos en el Mar Negro, el Mar Mediterráneo y la Zona Atlántica Contigua (ACCOBAMS, en sus siglas inglesas, adoptado en Mónaco el 24 de noviembre de 1996 y ratificado por España el 2 de febrero de 1999), identificó el Corredor de Migración de Cetáceos de la demarcación levantino-balear del Mediterráneo como un “punto negro” de ruido submarino, es decir, como una zona expuesta a altos niveles de contaminación acústica submarina.

La exploración sísmica submarina de los recursos de hidrocarburos mediante sondeos acústicos emplea los denominados air guns, cañones de aire comprimido que emiten sonidos explosivos de enorme intensidad (por encima de 240 decibelios), muy lesivos para la fauna, con una duración continuada de varias semanas o incluso meses. Por lo tanto, mantener estas actividades contribuiría significativamente a empeorar la situación de la fauna marina y, en particular, de las especies de cetáceos sensibles al sonido.

Si el Gobierno español se toma realmente en serio la protección de las especies y ecosistemas vulnerables, debe entender que resulta absolutamente necesario impedir la utilización de fuentes extremas de ruido, como las explosiones con cañones de aire comprimido (air guns) utilizados en la búsqueda de yacimientos de petróleo y gas. Declarar el Corredor de Migración de Cetáceos como área protegida también contribuiría a los objetivos del Acuerdo de París.

Carlos Bravo, Colaborador de Passioperlamar.com

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